30ºC

Me encanta el verano que se escapa
en el vuelo de vuestros vestidos
en el reflejo del sol golpeando vuestros hombros
en la autopista curtida de vuestras piernas.
Me gusta como os envuelve el calor
y sonreís cuando descubrís mi perfil
apoyado en el balcón
fumándome el estío a la sombra
escribiéndoos en las esquinas de una servilleta
o fotografiando vuestra silueta en los cristales del metro.
Me encanta el verano que se os escapa
agarrado a la suela de las sandalias
terco como el dulce amor.
Y puede que no lo entendáis
pero a pesar de mis huidas
sois el único lugar al que quiero volver.

Un tipo peligroso

No soy para ti,
lo supe cuando se acabó este rock,
pero había que intentarlo
intenso rayo de sol.
Me creí todas tus películas
y lo probé todo,
pero no me da para atraparte.

No soy para ti,
pero no pierdas esa intensa
sonrisa que es pura revolución,
pequeño adiós.
Yo que me creía que estaba de vuelta
y lo fallé todo,
ahora me rompo la crisma en los bares.

Aquí se queda la verdad,
se esfuman las notas del rock,
pero tenía que escribirlo
intenso calor de verano.
No soy para ti,
pero ya no importa,
ahora que lo sabes:
soy un tipo realmente peligroso,
hoy
me guardo mis momentos irrepetibles
para algún pequeño rock and roll.

Breve introducción a la locura

Las ascuas de un invierno que se aleja calientan un Bilbao
desquiciado de tanta comparación,
de niños que escupen la verdura y el chorizo de Pamplona,
de madres con la vida desgastada en los supermercados;
una ciudad que se quedó de luto en tu ausencia,
perseguida como una víbora entre los setos,
como una plaga en las avenidas.

Tus regresos han estado a punto de volverme loco,
misteriosa y solitaria has asaltado la fortaleza que construí…
… cuando volviste a desaparecer.
Pero tus retornos son de papel,
que se moja y se rompe.
Por poco me vuelves loco,
pero tengo la vista cansada y el corazón ajado,
blindado para evitar sobresaltos.

El sol rueda por las azoteas,
despejando la congestión que atenaza a mi ciudad,
las universitarias ponen su carne a la venta,
los chiquillos lucen las heridas de las rodillas
y Bilbao,
Bilbao sigue preguntándose dónde te escondes.
Maldita y vituperada.
Yo te defiendo.
Estoy de tu parte.

Tu venida a punto ha estado de darme la vuelta,
de girarme completamente entre versos y metáforas…
… cuando volviste a huir.
Estoy de tu lado,
pero si te vas,
dime adiós con tu boquita roja pequeña.

Y si te quedas,
si permaneces al otro lado,
deja que te encuentre entre las cenizas del invierno,
charlemos, bailemos y peguemos fuego al universo;
porque más allá de lo que pueda parecer,
más allá de todas las canciones sin dueño,
vivo de tu parte.

Tu regreso por poco me vuelve loco,
hablas de versos que te encogen y te estremecen.
No me malinterpretes.
Condenada y difamada.
Yo te defiendo.
Voy de tu parte.