Algorta

Los paraguas abren fuego
por las cuestas camino del Puerto Viejo,
donde el agua de lluvia,
furiosa,
busca volver a sus raíces.
El viento,
compañero de fatigas,
revuelve algunos chubasqueros,
mi pelo
y enreda el humo de los cigarros.

Algunas parejas se esconden
en las tabernas mojadas
que se agolpan en esas cuestas,
empedradas y repletas de escaleras.
Es el tiempo del txakoli
y de las risas al salir de trabajar.
Es el tiempo de los perros,
de las abuelas con bolsas de plástico en el pelo.
Es el tiempo de este invierno
y de las manos apretándose el corazón.

La playa está intranquila,
se revuelve en su pelea
ante tanta inclemencia y falta de tacto.
Algunos corren,
otros van en bici
y una morena empapada patina;
yo me tropiezo al mirarla
y se me calan las botas en un charco.

Sigue la lucha del invierno en mi pueblo,
ya no anidan pescadores
-como los de antes-
con las manos endurecidas por la sal,
con esa mirada fiel y gastada
por el paso de las noches en el mar.
Sigue la lucha de invierno,
intermitentes,
rotondas,
cedas el paso
y motores rumiando esta humedad.

La Plaza de las Banderas me recibe como siempre,
con esa calidez más propia de la infancia.
Las luces del café luchan contra la oscuridad
el frío
y el malhumor del viento.
Pasear por Usategi es volver a la aventura,
a los tesoros,
las tempestades
y a mis mejores escenas.
Pasear es el placer del condenado,
viajando por el vía crucis de cuestas cercanas.

Esta lluvia de invierno
pinta tu mejor cara,
Algorta querido.

Ración de miedo

“Córtate el pelo”
tu carita somnolienta, marcada por las sábanas, sonríe.
El café y el dominical en la mesa;
devoramos una ración de miedo
tostadas y mermelada.

“Tendremos jaleo con mis viejos”
tus manos pequeñas, frías de invierno, aprietan las mías.
Libros y papeles sobre el mantel;
nos deslumbró nuestro reflejo
en los cristales rotos.

El coche y la niebla,
parados en el Puerto Viejo, a golpe de ola, follamos.
Las lunas y las ventanillas empañadas;
devoramos una ración de miedo
corazones y cremalleras.

“Deja de fingir que estas loco”
tu espalda fina, abrazada por mi camiseta, se estremece.
El edredón en el suelo;
disfrutas de mi corazón
un juguete en tus manos de niña.

Claudicamos la noche del carnaval,
brillas en aquella fiesta, estrellada, repleta de gritos.
Las canciones urgentes en los bares;
devoramos una ración de miedo
encontramos consuelo.

“Pasa la vida. ¿Quién se acordará mejor?”
tus ojos azules, manchados de miel, me escrutan.
La pensión de la playa;
nos deslumbró nuestro reflejo
el olor del salitre y del amanecer.

“Cuando besas a alguien es difícil no hacerlo otra vez”
*El amor es la moneda
que dejamos siendo niños en la vía del tren.
Tu cama la autopista
que incendiamos no tan jóvenes.
*Quique Gónzalez (Se nos iba la vida)