No es la misma

La lluvia de la mañana
no es la misma que la de la noche.
A primera hora cae desafiante
 
como si quisiera decirte
que te andes con pies de plomo
que sabe de dónde vienes.
 
A la noche, en cambio, cae lánguida
rendida
como si supiese
lo inevitable
que mañana volverás a salir
con tu sombra
y todos tus problemas
pegados a los zapatos.

Volver

Siempre que llego a casa
me pregunto si esta llave abrirá la puerta
una vez más
gira
una, dos, tres y hasta cuatro veces.
Todo sigue ahí
en silencio, vigilante.
Nada falta, nada sobra.
Los discos, los libros, la colada
el orden y la vida haciéndose un hueco.

Cierro la puerta
como todas las mañanas
y no sé si está vez volveré.

Si de verdad (Te robaré un beso)

Estas noches de calor me imagino cómo sería robarte un beso.
Sueño la escena con los ojos abiertos:
tú, con un jersey hasta la cintura
el pelo suelto
embadurnándote la cara
y ese café caliente en las manos
yo, fumando tus palabras
con barba de una semana
apoyado en la puerta.
Me pregunto
si nuestro primer beso sería
como el de Burt Lancaster
y Deborah Kerr,
si somos más como Dama
y Vagabundo
o si te besaré como Bill
a Scarlett entre el gentío.
Me pregunto
nena
si de verdad querrás que te bese.

Dos viejos

Les veo agarrados de la mano,
como quien se aferra a cada segundo
de una vida que ha dibujado
demasiados surcos en su piel,
clareando esas miradas,
desgastadas como mis botas.
Caminan despacito
mientras hablan del frío
y de la lluvia que caerá el día de Reyes.

Él habla más alto que ella,
le escucho perfectamente
un metro y pico por detrás.
Ella se acerca para responderle
suavemente.
Y se aprietan las manos
y la vida,
amueblada ya con el paso de las noches;
de aquellos trenes que cogieron
y dejaron escapar,
de los silencios que rompieron
y de las palabras que se tragaron.

Les veo agarrados de la mano,
y me fumo la sonrisa que se me dibuja
pensando en la voluntad de los inviernos,
la fragilidad de las primaveras
y en el devenir de los veranos,
todos anclados en aquellos finos
y moteados
dedos arrugados.

Pienso todos los errores
que me sacaron del camino.
En los aciertos que me arrimaron
al calor de algunos soles.

Pienso en todas esas manos
que apreté buscando atrapar cada suspiro
de todo aquello me llevó hasta esta carretera,
pateada y solitaria.

Les veo agarrados de la mano
y descubro que soy parte del tiempo
que habéis olvidado en el rincón.

Disciplina existencial

No comprendes mi disciplina secreta,
mi lento caminar en el fondo de tu mirada.
Porque estoy decidido a existir en los vacíos
en los huecos de tus labios y en los pliegues de tus vestidos.

Creo que existo en los versos,
pero son aquellos ojos tuyos
el aliento de tu invierno los que me existen.

Por ti estoy decidido a existir en tu mirada,
en la creación más dolorosa
en la disciplina de los silencios y el crujir de las escaleras.
No sé, pero creo saber existir.

Frío

Ha vuelto el frío y te busco en los abrazos,
me cuelo en el hueco de las sábanas,
respiro y sudo,
encontramos el calor en la victoria de las manos.
La humedad resbala por los cristales,
exprimiendo los milímetros cuadrados de dudas;
salvamos los segundos y el tiempo haciendo lo que mejor sabemos hacer,
arañarnos, destruirnos y dolernos
con el calor de la victoria en las manos.
Has vuelto con el frío y el crujir de las bufandas,
me escabullo en el discreto separar de labios,
tirito y tiemblo,
atrapamos el silencio en nuestra derrota.
Es distinto, pero mejor que hoy,
hay tanto arrepentido en la agenda
y yo, yo siempre hago lo que mejor sé hacer,
caer, destruir y doler
con el sabor de la victoria en las suelas.

Aunque sea un rato

Hoy me cambio y me saco del listín telefónico,
hoy pago las deudas de los bares,
hoy me quedo en paz con mis acreedores,
prestamistas, amantes y delincuentes;
esta tarde me cambio y me largo.

Las calles de papel se incendian bajo el sol de invierno
con sus camisas largas desapasionadas,
sus cafés repletos de reproches y ausencias.
Las calles arden y yo me busco entre mis líneas.

Y no me reconozco,
solo a trazos,
despiezado como un juguete roto.

Ojalá alguien me salve.
Esta tarde.
Me rehabilite,
con una sonrisa,
con una cerveza
o con una mirada…
… aunque sea un rato.

Ojalá seas tú,
y nadie más,
quien me saque a bailar.
Ojalá seas tú,
y nadie más,
quien me ayude a encontrarme entre mis líneas…
… porque hoy me cambio y me borro,
porque hoy necesito mi dosis de ilusiones,
porque hoy necesito renovar mis sueños,
porque hoy necesito saber quién soy.

Aunque sea un rato.

Una tarde de invierno

Tengo miedo de hacerme viejo,
descubrir los secretos que siempre guardé,
las promesas que nunca cumplí
y terminar de contar las horas violetas de un atardecer,
aparcado entre castaños y un horizonte de hormigón.

Tengo miedo de averiguar que nunca he tenido respuestas,
abrir un libro al azar y encontrar palabras extrañas,
contar historias añejas que nunca fueron verdad
y terminar nadando en las suaves manos de un pasado níveo,
olvidado entre facturas y esperanzas descuidadas.

Tengo miedo de quedarme sin palabras,
navegar entre silencios demasiado dolorosos,
minutos y despedidas atascadas en miradas de acero
y terminar abandonado sin nada que reprocharte,
intentando compartir versos y párrafos de una biografía que nunca fue.

Tengo miedo de mi,
pasear entre olmos y hayas centenarias,
construir nuestra verdad dogmática e inmutable
y terminar escribiendo para recordar los tiempos más felices,
aquellos que están por llegar, pero que tengo miedo de destapar.

Tengo miedo de no ser suficiente,
de las horas muertas ante aquella puerta,
del incesante gotear de adioses
y de terminar como se acaba todo
intentando no recoger los pedazos de aquel espejo.

No debo tener miedo,
pero tengo.
Eres una de las pocas verdades que me quedan,
pero tengo miedo.
Cuando todo es incierto,
cuando las manillas de aquel reloj solo hablan del ayer,
tú afirmas ell hoy
y cuando todo parece perdido,
tú te conviertes en la esperanza más cierta.

Pero tengo miedo de haber tocado fondo demasiado pronto,
admirar fotogramas saturados, reflejo de nuestra vida,
quedarme helado y desorientado en el quicio de tu puerta
y terminar mis horas añorando aquello,
que tuve y perdí una tarde de invierno por no tener valor.