Un trocito de primavera

Tu voz al otro lado del teléfono,
Ryan Adams en tu portátil,
los perros del caserío ladrando a mi vera.
No hay mucho más,
el silencio del sol,
la hierba a medio cortar
y mi imaginación subiéndote la camiseta.

Gritamos

Sigues siendo un secreto,
una gota en un mar de sospechas,
pero creo que te conozco,
quieres gritar como un perro ladrándole a la luna,
no te escondes, ni te marchas,
tampoco cierras las puertas,
solamente buscas que te encuentren.

No estás hecha para nadie. Ni para ningún otro…
…pero sí para aquellos atardeceres insulares.
Y creo que te conozco,
quieres gritar como un perro ladrándole a la noche,
borrarte poco a poco,
irte de aquí,
largarte de allí;
esperando que te encuentren,
en el camino más torcido que lleva al más recto.

Y suenan los compases…
“hay nombres que se pierden sin pedirlo,
hay nombres imposibles de olvidar”.
Nos conocemos,
gritamos como perros ladrándole a la luna,
sin escondernos, borrándonos poco a poco,
con las puertas y los ojos abiertos,
con la boca y los abrazos mojados,
con las heridas y el alma de frente.

Encuéntrame.