A veces

En esos ojos navega un poema a medio escribir
tan cerca que podría terminarlo
tan lejos que se me alargan los calendarios
En esos ojos suena una canción de carretera
suave
leve como la brisa de esta noche estrellada

Me gusta escuchar tu voz
imaginar lo que hay más allá de tus fronteras
pensar en que
aunque no lo deba decir
me gustas
a veces

En esas piernas se acurruca el sol
lento
como fotogramas de tu piel
En esas piernas
lo sé
se han fraguado imperios
se han rendido conquistadores

Me gusta pensar en todo lo que callas
imaginar las heridas de tu corazón
desinfectadas con nicotina y alcohol
pensar en que
a pesar del misterio
–tal vez por el misterio–
me gustas
ahora

No sé

Puede que te preguntes, amiga muda,
por qué regreso a ti en mis noches más negras,
cuando las dudas llenan los huecos
que ni el whisky satisface.
Cuando la nicotina deja de saber a armonía.

Puede que te preguntes
cuántas vueltas de campana tengo que dar
para desaparecer,
cuánto humo nubla mi habitación.
Cuándo callaré.

Las colillas se desbordan,
el escalón ha sido cómplice de mi mal perder.
Las sábanas, la manta
aquella almohada.
No abrigan como antes.

Puede que te preguntes
por qué regreso a ti lamiéndome las heridas,
cuando las ganas de rendirse
son más baratas que mis mejores versos.
Cuando busco asilo como un deportado.

Puede que te preguntes.
Tal vez no.
Y no sé responder.
El mundo gira en sentido absurdo,
No sé responder

Gritamos

Sigues siendo un secreto,
una gota en un mar de sospechas,
pero creo que te conozco,
quieres gritar como un perro ladrándole a la luna,
no te escondes, ni te marchas,
tampoco cierras las puertas,
solamente buscas que te encuentren.

No estás hecha para nadie. Ni para ningún otro…
…pero sí para aquellos atardeceres insulares.
Y creo que te conozco,
quieres gritar como un perro ladrándole a la noche,
borrarte poco a poco,
irte de aquí,
largarte de allí;
esperando que te encuentren,
en el camino más torcido que lleva al más recto.

Y suenan los compases…
“hay nombres que se pierden sin pedirlo,
hay nombres imposibles de olvidar”.
Nos conocemos,
gritamos como perros ladrándole a la luna,
sin escondernos, borrándonos poco a poco,
con las puertas y los ojos abiertos,
con la boca y los abrazos mojados,
con las heridas y el alma de frente.

Encuéntrame.