Los tipos como yo

Hace tiempo que olvidé no meterme en líos
lo sé
y, tal vez, no seas lo que necesito en este momento
pero, las chicas malas con vuestra vida complicada,
tenéis ese encanto perverso
esa forma tan especial de caminar sobre los desastres,
de acariciar cada momento
convirtiéndolo en rock urbano.
Los tipos como yo
guardamos letras bajo la cama,
escribimos versos borrachos
mientras esperamos lanzarlos
–una noche de estas–
lo más cerca de nuestros enemigos.
A los tipos como yo,
puteros de la vida
ebrios de ilusiones
nos atrapan tus labios rojos,
ese caminar recomponiendo cada esquina
la verdad escondida en tus ojos
y tus problemas.
Tal vez no seas lo que necesito en este momento
de fuegos cruzados
y descontrol.
Tal vez no seas lo mejor,
pero somos bichos raros
adictos a la vida
al olor de la gasolina ardiendo en las carreteras.
Hace tiempo que olvidé no meterme en líos,
pero cuando olvido tu trazo
te dibujas en alguna señal,
en esta ciudad de escaparates grises
de aceras desamparadas
vagabundos incultos
y policías desbocados.
Cuando olvido tu rostro
te reflejas en el fondo de mi whisky
–20 pavos en el Harvelle’s, Downtown Santa Mónica, CA–
y me intento convencer
de que las chicas malas
no sois para tipos como yo.

En otras cremalleras

Voy a pegarle fuego a las carreteras cuando salga el sol
y nos escondamos en aquellos recuerdos de billares,
daiquiris, sombreros de paja y colchones de verano.

No quedan estaciones que me lleven al centro de tus secretos,
con mis orejitas clavadas en el núcleo de tus andares,
pero aún así, vuelvo torero, con palabras precisas,
miradas sinceras y cremalleras que arden.

Porque el calor de ayer no es como el frío de mañana,
solitario y cansado,
marchito y zumbado…
… como estos zapatos, que le van a pegar fuego a las carreteras,
con el corazón de acero y las orejas tiesas.

No existen, ya, las marcas de tu boca en mi cuello,
y de tus años en mis cuartos traseros,
pero, por las noches, mis labios saben a los botones de tu falda,
a los vuelos de aquel vestido y al amargo sabor del fracaso.

Así que mejor voy a pegarle fuego a las carreteras,
me beberé las promesas y los deseos de un trago,
y, por fin, navegaré en otras cremalleras.