Whisky, marihuana y lluvia

Nos confundimos aquella noche.
Tú buscabas alguien que te escuchase
yo, una carretera donde aterrizarme.
Tú estabas enamorada del mundo
yo, del arco iris que dibujaban las luces del bar en tus ojos.

Cruzaste dos palabras
bebimos y nos colocamos
fuimos a cabalgarnos la noche en tu coche
buscando una razón con que seguir tirando pa’lante.
Tus manos expertas me descosieron
mientras yo intentaba no borrarte la sonrisa de la boca.
Nos confundimos aquella noche
en la que la lluvia era nuestra nana
y no importaba si nos hacíamos daño

Tú buscabas que te encontrasen
yo, bailarte los problemas bajo la tempestad.
Nos confundimos aquella noche
en la que tu sexo sabía a carretera
en la que me agarraste las penas.

Sabe a sangre

Ya se lo dijeron a Karmelo
pero el otro día me colgaron el estigma a mí:
“¿estás bien?
como escribes esas cosas tan raras
tan tristes
nos hemos preocupado”

Ya lo dijo Karmelo
“luego a ver qué hostias
haces”

Y aquí estoy yo
paladeando el sustantivo
poeta
como si fuese un puñetazo
en la boca.

Los problemas

Hace un frío que corta la respiración
de tal modo que el humo del tabaco
se confunde con el vaho que sale de la boca,
pero ahí seguimos hablando
y compartiendo cervezas
verdes como trigo en primavera.

Quemamos los cartuchos de una tarde
que prometía encuentros imposibles,
deseos inalcanzables
y sueños,
fantásticos sueños,
de lugares diferentes
en momentos inoportunos
pero con la persona precisa.

Al final
descubrimos que son más fáciles de entender
nuestros motivos tristes,
que aquellos atardeceres
ya no vivirán para siempre;
pero seguimos hablando
y compartiendo cervezas
mientras lleno el cenicero de ceniza.

Nos bebemos la tarde
y firmamos,
amigo,
que compartimos un mismo destino,
pero con diferente nombre,
con distinta condición.
Descargamos nuestro peso,
antiguo como las olas del mar que cerca nuestro bar.

Compartimos la carga del otro
nos descubrimos en sus palabras,
en cómo vive su amor
-complejo
lejano
ilusionante-
Y llegamos a la conclusión
de que no hay esperanza
-no la hay-
para aquellos que buscamos problemas,
para aquellos que no comprendemos el mundo
sin ellos.

Y queremos explicar lo que,
quizá,
no es tan extraño,
amigo:
compartimos una mismo destino,
pero con diferente nombre,
con distinta condición.

Y
a pesar de saber
que no hay esperanza
para aquellos que buscamos problemas
no sabemos comprender el mundo
sin ellos.

Gritamos

Sigues siendo un secreto,
una gota en un mar de sospechas,
pero creo que te conozco,
quieres gritar como un perro ladrándole a la luna,
no te escondes, ni te marchas,
tampoco cierras las puertas,
solamente buscas que te encuentren.

No estás hecha para nadie. Ni para ningún otro…
…pero sí para aquellos atardeceres insulares.
Y creo que te conozco,
quieres gritar como un perro ladrándole a la noche,
borrarte poco a poco,
irte de aquí,
largarte de allí;
esperando que te encuentren,
en el camino más torcido que lleva al más recto.

Y suenan los compases…
“hay nombres que se pierden sin pedirlo,
hay nombres imposibles de olvidar”.
Nos conocemos,
gritamos como perros ladrándole a la luna,
sin escondernos, borrándonos poco a poco,
con las puertas y los ojos abiertos,
con la boca y los abrazos mojados,
con las heridas y el alma de frente.

Encuéntrame.