Mundo ideal

En un mundo ideal nos hubiésemos encontrado,
para escapar en un descapotable,
con tu pelo rompiendo el viento
y mis gafas de sol como parabrisas de ese futuro,
prometedor mañana.
Tú, Bonnie Parker,
yo, Clyde Barrow.

En un mundo ideal nos hubiésemos encontrado
para escribir cuentos y canciones a cuatro manos,
con tus finas manos acariciando las palabras
y mis labios recorriendo las letras,
incombustibles estrofas.
Tú, Zelda Sayre
yo, Scott Fitzgerald.

Esto y más hubiese sido en un mundo ideal,
pero podemos buscarnos la vida
en este sucio y triste mundo que nos abraza,
podemos darle la vuelta
y girarlo,
podemos escapar en un descapotable
y escribir a cuatro manos.

y yo.

Ese disco

Esta noche no me voy a acostar,
voy a ponerme ese disco hasta reventar.
La ciudad descansa
y no encuentro a mi amigo
entre la multitud del bar,
estará guerreando con algún alma triste.

Esta noche soy un anticiclón
huelo a descontrol.
Conocí a la solista de ‘Suicide Girls’
hicimos chistes de tequila,
se largó a por ‘frula’
y me escabullí por el tragaluz.
Adiós, adiós.

No encuentro a mi amigo,
estará pactando algún armisticio
o su triste rendición.
Esta noche sabe a vicio,
voy a escuchar ese disco hasta el amanecer.

Pasó mi anticiclón
y amanecí lleno de llamadas perdidas,
mensajes
y golpecitos en la ventanilla.
Domingo de luz
en el parking de la playa.
-Y yo sin mis gafas de sol-

No encuentro a mi amigo,
estará purgando sus pecados
o limpiando la cocina.
“Necesito que me recojas,
he gastado la batería del coche”.

Escuchando ese disco hasta reventar.

Tabaco

El bar cerraba sus persianas
mientras salíais como bandidos
escapando del atraco
con los cuellos en alto y las gafas de sol.
“Ella es el rock and roll”
-pensabas buscando un cigarrillo-
Su mirada encontró tu tabaco,
encendió el mechero y sonrió
de aquella manera
que te arranca de los espejos
adelanta el tiempo
y te borra de los calendarios.

El bar cerraba sus persianas
ella seguía a tu lado
mirándote encender el cigarro
con sus pequeñas manos heladas
mensajeras de la luz más cálida.
“Ella es la última canción”
-pensabas alargando el momento-
su sonrisa
anticiclón invernal
se reflejaba en tus gafas.

El bar cerraba sus persianas
y sabías que lo ibas a dejar todo
por ese trocito de calor.
Todo.