A tumbos y a tumbas

Te quiero sentada en esa acera
embadurnada de toda la provocación que el alcohol te da.
Te quiero bailándole las horas a la noche
contoneando ese culo y caderas barnizadas de Levi’s negros.

Te quiero entre mis piernas
secándome las dudas con tus labios
y
también
atrancada en el baño, con mis urgencias y diferencias bebiéndose la cerveza en la cocina.

Te quiero con tu pantalón corto
joder, no,
te quiero sin el puto pantalón
te quiero sin la camiseta
te quiero desnuda.
Insaciable.
Ágil.

Pero a pesar de esto
te quiero con tus miedos,
con tus guerras
con tus dudas e incertidumbres.
Te quiero con tu música
y con tu cine.
Te quiero en mi móvil
a cualquier hora, cualquier día.
En cualquier momento.

Y entiendo lo que dices,
porque voy a tumbos y a tumbas
porque hay demasiada mierda que ordenar
y ya será lo que el tiempo nos deje hacer.
Seguro.

Así que sí,
corazón,
te quiero en pasado
y en futuro imperfecto,
pero sobre todo
te quiero cerca.

Lo sabíamos

Los portales esconden respuestas imposibles
o preguntas condenadas.
Lo sé de buena tinta,
como también sé
que el portazo de media noche
te lleva a bares de carretera
y a vías secundarias
repletas de amores culpables.

Estuve tentando de atravesar las huertas
esquivar a los aldeanos
y aparcarme en la línea que separa tus ojos.
Pero me quedé en silencio cansado de las fotografías
en el negativo duplicado
y aterrador de tus iris.
Me conformé con las líneas maestras,
los versos más torcidos
y la señal de tus caninos en el cuello.

Te juró
aunque no me creas
que deseé que me salvases de mi mismo.

Ahora,
con la mirada repleta de la realidad
sé lo que de verdad esperaba.
Lo entendimos mal
descorchamos el champán
antes de ganar
después de los abrazos
antes de las lágrimas
brindamos
cuando estábamos en éxtasis.

Descubrimos que vivimos mejor
complicando lo sencillo
enredando estocadas
desbocando palabras
en un café frío de invierno,
deseando escuchar tu tal vez.

Las velas de aquel hostal no iban a quemarnos,
tampoco íbamos a destrozar el somier.
Lo sabíamos de buena tinta,
como también sabíamos,
inconscientes,
que estábamos confundiendo el tiempo.

No me conoces

¡Cállate ostias!
No te atrevas a juzgarme,
no tengas los cojones
de reprocharme algo.
¡Tú!
Maldito reflejo del espejo.
¡Tú!
No me conoces.

Quiero equivocarme,
lo busco con ganas,
tropezarme
y arrastrarme al fondo de todo.
Porque si acierto
y al menos me gano un aplauso
Tú,
hipócrita y acojonado,
triste reflejo del espejo,
estarás acabado.

Así que me agazapo,
cuento las horas
y las briznas de hierba
que se vuelan con mi cordura.
Es esa la sensación
que te atormenta
a Ti
maldito reflejo del espejo.
Hace tiempo que no somos nada,
así que déjate de fatigas,
cuéntale tus congojas
a otro ‘pringao’,
busca otra sombra
que te cobije.

Hace tiempo que un tropezón
o un rasponazo en las rodillas
no dice nada,
porque mi parchecito en el corazón
es el chaleco antibalas que necesito.
Y me tiro por el balconcito:
¡A volar!

¡Qué pequeñitos y débiles
sois todos desde aquí arriba!
Es todo tan frágil
y el tiempo tan corto.
¡Anda! ¡La Luna!
Toma,
bébete un sorbito de mí.
Todos se ríen
pero ocultan su vulgaridad
en el desván,
en una caja fuerte sin llave.
Toma Luna,
yo te brindo mis derrotas
-las victorias son para dormir tapadito-
y
ahora
¡Baila!

¡Anda! ¡El Sol!
Toma,
tócate una rumbita
que yo pongo la letra,
pero antes,
dime una cosa:
¿dónde he metido las llaves del coche?

Te lo dije

El tiempo de los relojes de pared,
de los calendarios en tu móvil
y de las esperas,
eternas,
nocturnas,
lánguidas
y concupiscientes
toca a su fin.

Todo llega,
-te lo dije-
y brillaréis en la oscuridad de la sala
no quedará nadie por las calles
¡Oh, qué más da!
Solo vosotros dos
y el tiempo que fue dos islas.
Adelantaremos los relojes,
romperemos los calendarios
la noche será vuestra aliada,
mientras me fumo los días de impaciencia.

Y en aquel bar apartado
aguaremos la ansiedad
riéndonos de los recovecos del tiempo,
de las curvas de los calendarios.
Todo llega
-te lo dije-
brindaremos
y a la hora de ir al paredón
no recordaré una historia mejor.

Tabaco

El bar cerraba sus persianas
mientras salíais como bandidos
escapando del atraco
con los cuellos en alto y las gafas de sol.
“Ella es el rock and roll”
-pensabas buscando un cigarrillo-
Su mirada encontró tu tabaco,
encendió el mechero y sonrió
de aquella manera
que te arranca de los espejos
adelanta el tiempo
y te borra de los calendarios.

El bar cerraba sus persianas
ella seguía a tu lado
mirándote encender el cigarro
con sus pequeñas manos heladas
mensajeras de la luz más cálida.
“Ella es la última canción”
-pensabas alargando el momento-
su sonrisa
anticiclón invernal
se reflejaba en tus gafas.

El bar cerraba sus persianas
y sabías que lo ibas a dejar todo
por ese trocito de calor.
Todo.

El momento

Ella es un corazón ausente,
yo solamente la mitad de alguien osado,
ella es el rock ‘n’ roll,
yo un niño sin su balón.

Y sé que nadie nos derribará,
porque la vida no es caminar.
Consiste en robar sus reflejos,
es algo más que descubrir lugares abandonados…
… como nuestros corazones.

Ella es la canción más urgente,
yo solamente un transeúnte entre versos y poemas,
ella es rock transgresivo,
yo el guardián de su escapada.

Y nadie nos derribará,
porque lo perdimos todo en la última mano,
porque sabemos vivir en el filo de la navaja,
sin esperar nada de nadie…
…ni de nosotros mismos.

Y ha llegado el momento,
el tiempo de las siestas entre las sábanas,
de las mantas y de las carreteras,
de las canciones desatendidas,
de los rincones y las sorpresas.

Es el tiempo de la treguas,
de los tratados alcanzados en los confines,
de jinetes y de camas,
de armisticios en labios rojos.

Mientras tanto ella es,
y yo…
… yo trato de ser.