Cuando te cambias

Me encanta espiarte cuando te cambias
me agarro a tu anticiclón
a la economía de tus movimientos
a esas manos
tan finas y largas
que acarician tu piel

Me encanta ser tu espectador

y me observas de reojo
en el filo de la puerta
con el reflejo de tu cristal
como el agua de un pozo
me muerdes con tu sonrisa
me arañas con tus pestañas

soy culpable
me aparcaría de nuevo
en el hueco de tu cadera
te buscaría con la boca el esternocleidomastoideo

¡fuera luces!

Me encanta espiarte
cuando te subes el pantalón
cuando suena el silencioso click del sujetador
y me sonríes desde el reflejo del espejo

me robas la cartera con tus manos
me palpita la cremallera
soy culpable de tus vicios
soy culpable de querer
que llenes mis silencios

¡fuera luces!

olvido los problemas
me coges la mano
y me llevas a bailar
me encanta espiarte
mi amor

soy culpable

Breves segundos de ti en otros ojos

La niña en brazos
y tu marido en el otro asiento.
Habéis discutido,
os he visto por la ventanilla,
mientras el tren
-tu eléctrico salvador-
paraba lentamente en la estación.

Tus ojos,
dos destellos de navidad,
sonríen tristes cuando me levanto.
Te sientas enfrente
y tu marido en el otro asiento.

Nuestros reflejos
se miran a través del cristal
y se cuentan todo aquello
que dura un instante,
pero que esconde
lo que no se puede contar en una vida.
Los verdaderos segundos que
de breves
la encienden
e inspiran de verdad.

Después llega tu parada
y te vas.
Yo seguiré buscándola,
te digo al despedirme,
pues sus ojos
iluminan como tú.