Maldita primavera

Esta primavera
me altera con sus muchachas
pedaleando por mis calles
y me acuerdo de ti
alterándome los triglicéridos
robándome la cartera
y regalándote mis versos

Esta primavera
me altera con esas piernas
recorriendo mis cuestas
y pienso en ti
alterándome con tus pantalones sobre la cama
desvistiéndome en el baño
y comiéndote mi corazón

Esta primavera
maldita primavera
casi consigue ponerme nostálgico

Breve introducción a la locura

Las ascuas de un invierno que se aleja calientan un Bilbao
desquiciado de tanta comparación,
de niños que escupen la verdura y el chorizo de Pamplona,
de madres con la vida desgastada en los supermercados;
una ciudad que se quedó de luto en tu ausencia,
perseguida como una víbora entre los setos,
como una plaga en las avenidas.

Tus regresos han estado a punto de volverme loco,
misteriosa y solitaria has asaltado la fortaleza que construí…
… cuando volviste a desaparecer.
Pero tus retornos son de papel,
que se moja y se rompe.
Por poco me vuelves loco,
pero tengo la vista cansada y el corazón ajado,
blindado para evitar sobresaltos.

El sol rueda por las azoteas,
despejando la congestión que atenaza a mi ciudad,
las universitarias ponen su carne a la venta,
los chiquillos lucen las heridas de las rodillas
y Bilbao,
Bilbao sigue preguntándose dónde te escondes.
Maldita y vituperada.
Yo te defiendo.
Estoy de tu parte.

Tu venida a punto ha estado de darme la vuelta,
de girarme completamente entre versos y metáforas…
… cuando volviste a huir.
Estoy de tu lado,
pero si te vas,
dime adiós con tu boquita roja pequeña.

Y si te quedas,
si permaneces al otro lado,
deja que te encuentre entre las cenizas del invierno,
charlemos, bailemos y peguemos fuego al universo;
porque más allá de lo que pueda parecer,
más allá de todas las canciones sin dueño,
vivo de tu parte.

Tu regreso por poco me vuelve loco,
hablas de versos que te encogen y te estremecen.
No me malinterpretes.
Condenada y difamada.
Yo te defiendo.
Voy de tu parte.