Nadie dice mi nombre como tú

Me encanta como dices mi nombre
y esa forma que tienes de arrastrar las erres
me encanta que me pidas que te busque al trabajo
que me digas que no entiendes lo que escribo
adoro que afirmes que no te gusta mi poesía
pero a pesar de todo respetes mis espacios
guardes mis silencios rocosos
y mis malos ratos

me encanta que me busques
y hagamos el amor un viernes por la tarde
adoro que a pesar de ello no te importe que busque a otras
me encanta que te lleves mi coche
que me rescates al salir de la oficina
y me lleves a ver quemarse el Cantábrico
adoro que a pesar de todos estos años
de mis idas y venidas
sigas siendo uno de mis arañazos favoritos

me encanta que me enseñes otro vocabulario
que me quites malos vicios y te quieros baratos
adoro que me compres tabaco
que me enciendas los cigarros con tu asma
me encanta que te acuerdes de mi cumpleaños
y de mi whisky favorito

me inspira que no me hagas planes
ni la maleta
adoro que me improvises un domingo
que me recojas las camisetas cuando estoy solo
y me cambies las sábanas de la cama
me encantan tus silencios y misterios
y que a pesar de todos estos años
de mis revueltas y repatriaciones
sigas en ese portal
con tu perro Elvis y mis viejos libros.

No me conoces

¡Cállate ostias!
No te atrevas a juzgarme,
no tengas los cojones
de reprocharme algo.
¡Tú!
Maldito reflejo del espejo.
¡Tú!
No me conoces.

Quiero equivocarme,
lo busco con ganas,
tropezarme
y arrastrarme al fondo de todo.
Porque si acierto
y al menos me gano un aplauso
Tú,
hipócrita y acojonado,
triste reflejo del espejo,
estarás acabado.

Así que me agazapo,
cuento las horas
y las briznas de hierba
que se vuelan con mi cordura.
Es esa la sensación
que te atormenta
a Ti
maldito reflejo del espejo.
Hace tiempo que no somos nada,
así que déjate de fatigas,
cuéntale tus congojas
a otro ‘pringao’,
busca otra sombra
que te cobije.

Hace tiempo que un tropezón
o un rasponazo en las rodillas
no dice nada,
porque mi parchecito en el corazón
es el chaleco antibalas que necesito.
Y me tiro por el balconcito:
¡A volar!

¡Qué pequeñitos y débiles
sois todos desde aquí arriba!
Es todo tan frágil
y el tiempo tan corto.
¡Anda! ¡La Luna!
Toma,
bébete un sorbito de mí.
Todos se ríen
pero ocultan su vulgaridad
en el desván,
en una caja fuerte sin llave.
Toma Luna,
yo te brindo mis derrotas
-las victorias son para dormir tapadito-
y
ahora
¡Baila!

¡Anda! ¡El Sol!
Toma,
tócate una rumbita
que yo pongo la letra,
pero antes,
dime una cosa:
¿dónde he metido las llaves del coche?

Invierno 2012

El viento en la calle y la lluvia arrimada a los escaparates,
la gente se esconde y se abriga en los soportales.
La navidad despega en la ciudad,
aquellos que no estaban aterrizan tras puentes aéreos,
felicidad y nocturnidad… y nosotros.

Nosotros estamos lejos de allí,
tu coche enciende los parabrisas,
el dial refleja el compás del corazón.
Marchas, frenas y cambias… y te miro.

Te miro cuando pienso en la lluvia,
en las camisas y en los cafés,
en las promesas que aterrizan,
sin pasaporte y en aduanas… y nosotros.

Nosotros estamos allí,
aparcados en el rompeolas,
ajenos a la tormenta, con la luz en tu piel
y mi corazón… mi corazón.