En los sueños de alguien

Recito poemas en el confesionario de las almas desamparadas,
en entre actos y silencios incómodos,
abrazado por el humo de los cigarrillos y botellines vacíos.
Me lleno los bolsillos con los caramelos y las propinas,
voy a medias con el croupier y el fregaplatos,
que nos espía detrás de las cortinas.

Y me dejo llevar, suspirando por aquellas escapadas,
esos escondites repletos de palabras sin dueños,
unos atardeceres al cobijo de la sombra de dos cuerpos que se rozan;
pero me conformo con encontrar el valor a golpe de verso,
con toparme con la horma de aquellos zapatos.

Creí que la alcanzaría y la atraparía entre las miradas obscenas de la gente,
repletas de deseos por follarla y sacarle los colores.
Me quedé a medio camino,
entre su sonrisa y su desinterés,
así que pierdo en los billares las ganas de buscar entre sus tardes,
me apuesto las musas con canallas de barrio y sus chicas,
que los vigilan con los tangas ceñidos a sus talles.

Y pensaba en dejarme llevar, suspirando por esas caderas,
esos rincones que he imaginado repletos de secretos por destapar,
ideando unos besos y mis manos, viciosas, calentando su corazón;
pero me conformo con terminar los versos que le debo,
con acabar en los sueños de alguien.