Ginebra Premium

Tu abrigo pesaba tanto como esas penas
te peleabas con las sombras, ni
iluminabas las esquinas con tus zapatos planos
y bebías ginebra ‘Bombay’.

Te dejaste la vida entera,
la piel sobre la barra
y los labios en aquella copa.
Eran las seis y media
y lo supe en cuanto te vi cruzar la calle
ibas a aprovecharte de mí.

No cumplimos las promesas,
-“ética profesional”-
nos decíamos
descansando en la hierba.
Pasamos los meses
-”la vida del estafador”-
nos besábamos
buscando las esquinas de tu corazón.

Fuiste mi último drama,
sangre caliente
y mis putos defectos.
Debiste dejarme inventarnos el final,
debiste dejarme anticiparnos.

No cumplimos el expediente,
-”falta de costumbre”-
nos decíamos
pateando tu habitación.
Nos tomamos la medida,
caímos en todas nuestras trampas,
nos emborrachábamos,
fue intenso
húmedo
y ágil.

Fuiste mi último drama,
neumático quemado
y mis putos desperfectos.
Lo supe en cuanto te vi cruzar la calle
quería que te aprovechases de mí.

“¿Qué clase de incendio eres?”
“El más vivo”.
Te inventaste todos los desastres
y mis putas páginas en blanco.
“No te engañes”
“No te lances”.
Lo supe en cuanto te vi cruzar la calle
las chicas sois maravillosas.

Noche de perros

Noche de perros,
con lluvia de ambulancias intermitentes,
chicas que buscan corazones solitarios,
policías turbados en soportales,
parejas que se follan con los ojos,
deseos abandonados en charcos de estrellas.

Camino rumbo a casa,
con el frío aparcado en los huesos,
es una noche de perros,
de pasiones desquiciadas
y de caminos inexplorados.
Flores y piedras en el metro…
rumbo a casa.

Y me acuerdo de ti,
y me pregunto quién te asaltará en esta noche de febrero,
dónde te estarás escondiendo justo ahora,
qué calor buscarás,
qué conversación te hará sonreír…
… como aquel día.

Noche de perros,
de partidas de póker con corazones rotos,
abrigos y chaquetas con cuellos ajados,
cristales que se empañan en coches de doble fila,
caricias que se quedan cortas,
faldas demasiado largas
y cremalleras que se atascan

Mi portal esconde besos juveniles,
miradas de cansancio en un espejo
y mensajes de móvil.
“Sucede que me canso de ser…”
me gritan desde unos auriculares trasnochados.

Y me acuerdo de ti,
me imagino cómo serás en este instante,
este momento en el que te atrapo en mis versos,
cómo torcerías tu boca roja
y que dirían tus grandes ojos…
me pregunto si tienes tanto frío como yo.

Noche de perros,
de fantasías entre las sábanas,
de vómitos y lágrimas,
vecinos que cierran persianas,
mañanas lejanos;
de domingos consagrados
y resaca de cama y literatura.

Y me acuerdo… me estoy acordando.