Helado de limón

La imagino desnuda
estas noches de calor.
Sé que no es un delito desear saborearla
como un helado de limón
con esa canela afrodisíaca
que me dispara las perversiones
y congela el aire acondicionado.

La imagino

muy desnuda
tanto que el sol se esconde en mi cama
avergonzado de tanta luz
deseando
como yo
extender sus dedos desde los párpados a los pies
con una parada técnica en sus pechos
cintura
y caderas.

La imagino desnuda
porque es lo único que me queda
en este exilio de palabras hiladas
en este juego del gato y el ratón
esperando que me cace
y me deje saborear su esencia de limón
y canela.

30ºC

Me encanta el verano que se escapa
en el vuelo de vuestros vestidos
en el reflejo del sol golpeando vuestros hombros
en la autopista curtida de vuestras piernas.
Me gusta como os envuelve el calor
y sonreís cuando descubrís mi perfil
apoyado en el balcón
fumándome el estío a la sombra
escribiéndoos en las esquinas de una servilleta
o fotografiando vuestra silueta en los cristales del metro.
Me encanta el verano que se os escapa
agarrado a la suela de las sandalias
terco como el dulce amor.
Y puede que no lo entendáis
pero a pesar de mis huidas
sois el único lugar al que quiero volver.

Si de verdad (Te robaré un beso)

Estas noches de calor me imagino cómo sería robarte un beso.
Sueño la escena con los ojos abiertos:
tú, con un jersey hasta la cintura
el pelo suelto
embadurnándote la cara
y ese café caliente en las manos
yo, fumando tus palabras
con barba de una semana
apoyado en la puerta.
Me pregunto
si nuestro primer beso sería
como el de Burt Lancaster
y Deborah Kerr,
si somos más como Dama
y Vagabundo
o si te besaré como Bill
a Scarlett entre el gentío.
Me pregunto
nena
si de verdad querrás que te bese.

Un tipo peligroso

No soy para ti,
lo supe cuando se acabó este rock,
pero había que intentarlo
intenso rayo de sol.
Me creí todas tus películas
y lo probé todo,
pero no me da para atraparte.

No soy para ti,
pero no pierdas esa intensa
sonrisa que es pura revolución,
pequeño adiós.
Yo que me creía que estaba de vuelta
y lo fallé todo,
ahora me rompo la crisma en los bares.

Aquí se queda la verdad,
se esfuman las notas del rock,
pero tenía que escribirlo
intenso calor de verano.
No soy para ti,
pero ya no importa,
ahora que lo sabes:
soy un tipo realmente peligroso,
hoy
me guardo mis momentos irrepetibles
para algún pequeño rock and roll.

Filosofía

Brillabas sobre la oscuridad del concierto,
y tu mirada,
pintada con los juramentos de sábados febriles,
danzaba sobre los armónicos y los bemoles.
22 veranos marca tu documento de identidad,
y la primavera se detuvo para remolonear en tu cabello rojo,
restándote años y sumando ámbar a tus ojos.
Brillabas sobre la oscuridad de las canciones
y me buscaste retorciendo los acordes y las estrofas.

El taxi de después del concierto fue nuestro padrino,
con las letras todavía en tus labios buscando salida,
un recoveco puro e inocente.
Con los anhelos deslizándose por las cunetas
abrazamos nuestras desdichas y mendigamos comprensión.
Y así, ciegos de deseo, nos comimos la noche,
y los derrapes.
Mientras, el desliz de las cremalleras rompía la cadencia de los golpes
e imprimía épica al fulgor de los faros que se cruzaban con nosotros.

Tus manos me buscaban la cartera y el corazón,
el aire se cargaba de razones para el descosido
mientras los puñales se tragaban los descuidos,
repletos de deseos y desenfreno,
de luz y de calor,
de abrigo y de abandono.

“No te enganches a mi cuerpo que te haré daño”.
Entre socráticos y presocráticos bautizaste mi desastre,
sin silencios de más, mojando un cruasán en cueros,
con la mirada sincera del color que conmueve los sábados.

“No te lo hagas más difícil”.
El buen amor, tan sucio
y entristecido por la levedad de su existencia se revolvió,
colgado de esos suspiros que ensuciaban el aire.

Hoy no me encuentro entre los recuerdos intranquilos de su habitación,
con las manos empapadas de preguntas y del descosido de sus vaqueros.
Pero he cumplido mi palabra,
brillante pelirroja nocturna,
filósofa y estudiosa de las fatigas masculinas,
he cumplido mi palabra y te tengo en estas líneas,
enganchada a mis versos.

Noche de perros

Noche de perros,
con lluvia de ambulancias intermitentes,
chicas que buscan corazones solitarios,
policías turbados en soportales,
parejas que se follan con los ojos,
deseos abandonados en charcos de estrellas.

Camino rumbo a casa,
con el frío aparcado en los huesos,
es una noche de perros,
de pasiones desquiciadas
y de caminos inexplorados.
Flores y piedras en el metro…
rumbo a casa.

Y me acuerdo de ti,
y me pregunto quién te asaltará en esta noche de febrero,
dónde te estarás escondiendo justo ahora,
qué calor buscarás,
qué conversación te hará sonreír…
… como aquel día.

Noche de perros,
de partidas de póker con corazones rotos,
abrigos y chaquetas con cuellos ajados,
cristales que se empañan en coches de doble fila,
caricias que se quedan cortas,
faldas demasiado largas
y cremalleras que se atascan

Mi portal esconde besos juveniles,
miradas de cansancio en un espejo
y mensajes de móvil.
“Sucede que me canso de ser…”
me gritan desde unos auriculares trasnochados.

Y me acuerdo de ti,
me imagino cómo serás en este instante,
este momento en el que te atrapo en mis versos,
cómo torcerías tu boca roja
y que dirían tus grandes ojos…
me pregunto si tienes tanto frío como yo.

Noche de perros,
de fantasías entre las sábanas,
de vómitos y lágrimas,
vecinos que cierran persianas,
mañanas lejanos;
de domingos consagrados
y resaca de cama y literatura.

Y me acuerdo… me estoy acordando.