Universo

Ella encierra tantos secretos como estrellas alumbran su pelo oscuro,
ella tiene ahora tanto miedo que se ha convertido en su amante,
y admiro su disciplina, férrea,
fiel a su estilo e ideales.
Pero soy egoísta y quiero escuchar, una vez más,
quiero oír aquellas palabras que desconoce,
pero que ha pronunciado como un arcano legendario.

Admiro su cabeza loca, pero segura,
sus ganas de pegarle fuego al universo una noche cualquiera,
su ímpetu por encontrar un lugar alejado de los mapas.
Me fascina su boca y su lengua incontestable e incorregible,
su actitud tan femenina y frágil bañada de orgullo espartano;
y me entran ganas de acompañarla a pegarle fuego al universo una noche cualquiera.
Esta noche.

Ella oculta matices en un lienzo de belleza sensual,
ella es efímera y cercana;
es distante, armónica y sensible.
Y piensa que no me percato de esas cosas,
que solamente sueño con arrancarle la ropa,
con encender las escaleras a golpe de cremalleras.
Pero esos labios rojos, insolentes, son rock transgresivo,
un poema de Bukowski,
suenan a Kant o Heidegger,
y me entran ganas de acompañarla a pegarle fuego al universo.
Cuando quiera.

Tu miedo

“Tengo miedo, miedo a equivocarme y a perder”,
decían tus ojos acuosos.
Yo también, pienso, pero solamente importa tu miedo.
Egoísmo natural cuando algo se muere,
serpientes, víboras y cobardía.

El resto del suelo se convierte en poesía,
recoges los pedazos que quedaron rotos,
con dolor y egoísmo natural cuando algo se evapora,
inerte, indiferente y pusilánime.

Porque tener miedo significa que se está vivo,
porque hay que convivir con las decisiones
y sus consecuencias;
eso no es valentía,
ni cobardía… tal vez resignación.
Realismo.

Batallas y fuegos en la cocina,
armisticios en las sábanas,
domingos de cafés y periódicos,
carreteras sin manta y besos sin saliva;
son el legado de una herencia corrupta.

Al final solo queda Charles en la mesilla,
lectura de cabecera,
los placeres del condenado:
“todo ardiendo,
todo mojado,
todo delicioso”.*

Quédate con tu miedo y tus ojos de lluvia,
ya tuve mi ración de golosinas marchitas.
Te prometo recordar,
solo podré rememorar y evocar,
pero los versos serán para mi.

*Los placeres del condenado (Charles Bukowski)