Mañana más

Me quiero creer que aún quedan balas,
oportunidades para casos perdidos.
Me quiero creer que aún quedan disparos,
callejones para gente problemática…
… como yo.

Porque mi gran defecto es reconocer
que tengo remedio
y mi gran virtud es no intentarlo.

Me quiero creer que aún hay tiros,
esperanza para trasnochados.
Me quiero creer que a veces piensas en mí,
tal vez ahora que me lees
en estas horas secas…
… como la hierba que estoy tocando.

Imaginarme tus ventanas
y romperlas a pedradas,
para verte bailar sobre la alfombra,
desbocada,
alocada
y viva…
… como los ladridos de mis perros.

En realidad no deseo nada,
ni un ápice de este cosmos inestable,
pero me conformaría con esa sonrisa
que te hace gigante
enorme boca brillante,
y dos palabras para dormir:

Mañana más.

Universo

Ella encierra tantos secretos como estrellas alumbran su pelo oscuro,
ella tiene ahora tanto miedo que se ha convertido en su amante,
y admiro su disciplina, férrea,
fiel a su estilo e ideales.
Pero soy egoísta y quiero escuchar, una vez más,
quiero oír aquellas palabras que desconoce,
pero que ha pronunciado como un arcano legendario.

Admiro su cabeza loca, pero segura,
sus ganas de pegarle fuego al universo una noche cualquiera,
su ímpetu por encontrar un lugar alejado de los mapas.
Me fascina su boca y su lengua incontestable e incorregible,
su actitud tan femenina y frágil bañada de orgullo espartano;
y me entran ganas de acompañarla a pegarle fuego al universo una noche cualquiera.
Esta noche.

Ella oculta matices en un lienzo de belleza sensual,
ella es efímera y cercana;
es distante, armónica y sensible.
Y piensa que no me percato de esas cosas,
que solamente sueño con arrancarle la ropa,
con encender las escaleras a golpe de cremalleras.
Pero esos labios rojos, insolentes, son rock transgresivo,
un poema de Bukowski,
suenan a Kant o Heidegger,
y me entran ganas de acompañarla a pegarle fuego al universo.
Cuando quiera.

Noche de perros

Noche de perros,
con lluvia de ambulancias intermitentes,
chicas que buscan corazones solitarios,
policías turbados en soportales,
parejas que se follan con los ojos,
deseos abandonados en charcos de estrellas.

Camino rumbo a casa,
con el frío aparcado en los huesos,
es una noche de perros,
de pasiones desquiciadas
y de caminos inexplorados.
Flores y piedras en el metro…
rumbo a casa.

Y me acuerdo de ti,
y me pregunto quién te asaltará en esta noche de febrero,
dónde te estarás escondiendo justo ahora,
qué calor buscarás,
qué conversación te hará sonreír…
… como aquel día.

Noche de perros,
de partidas de póker con corazones rotos,
abrigos y chaquetas con cuellos ajados,
cristales que se empañan en coches de doble fila,
caricias que se quedan cortas,
faldas demasiado largas
y cremalleras que se atascan

Mi portal esconde besos juveniles,
miradas de cansancio en un espejo
y mensajes de móvil.
“Sucede que me canso de ser…”
me gritan desde unos auriculares trasnochados.

Y me acuerdo de ti,
me imagino cómo serás en este instante,
este momento en el que te atrapo en mis versos,
cómo torcerías tu boca roja
y que dirían tus grandes ojos…
me pregunto si tienes tanto frío como yo.

Noche de perros,
de fantasías entre las sábanas,
de vómitos y lágrimas,
vecinos que cierran persianas,
mañanas lejanos;
de domingos consagrados
y resaca de cama y literatura.

Y me acuerdo… me estoy acordando.