Ginebra Premium

Tu abrigo pesaba tanto como esas penas
te peleabas con las sombras, ni
iluminabas las esquinas con tus zapatos planos
y bebías ginebra ‘Bombay’.

Te dejaste la vida entera,
la piel sobre la barra
y los labios en aquella copa.
Eran las seis y media
y lo supe en cuanto te vi cruzar la calle
ibas a aprovecharte de mí.

No cumplimos las promesas,
-“ética profesional”-
nos decíamos
descansando en la hierba.
Pasamos los meses
-”la vida del estafador”-
nos besábamos
buscando las esquinas de tu corazón.

Fuiste mi último drama,
sangre caliente
y mis putos defectos.
Debiste dejarme inventarnos el final,
debiste dejarme anticiparnos.

No cumplimos el expediente,
-”falta de costumbre”-
nos decíamos
pateando tu habitación.
Nos tomamos la medida,
caímos en todas nuestras trampas,
nos emborrachábamos,
fue intenso
húmedo
y ágil.

Fuiste mi último drama,
neumático quemado
y mis putos desperfectos.
Lo supe en cuanto te vi cruzar la calle
quería que te aprovechases de mí.

“¿Qué clase de incendio eres?”
“El más vivo”.
Te inventaste todos los desastres
y mis putas páginas en blanco.
“No te engañes”
“No te lances”.
Lo supe en cuanto te vi cruzar la calle
las chicas sois maravillosas.

¿En dónde?

En los silencios de los andenes de medianoche,
en las ausencias de los ascensores,
coronando nuevas cumbres en el somier;
en los minutos que encierran sesenta segundos,
en las miradas más obscenas;
en el amor de fin de semana,
en la literatura de barra y garitos.

En estos versos,
en aquella prosa,
en los confines del pasado;
en el futuro de estas letras,
afeitándome en la ducha,
amaneciendo en el portal.

Apostando el todo por el todo al rojo,
mintiendo con mis promesas,
esquivando estocadas de tacones negros;
derribando todo,
construyendo el infierno…
… muriendo un poco antes.

En las desconexiones del móvil,
en las redes no tan sociales,
en el correo postal.

Buscando el abrigo en el ropero,
tirando las llaves de casa,
rascando la noche;
apuñalando deseos,
abrazando fracasos…
… muriendo un poco antes.

En las escaleras mecánicas de aquella tienda,
en las estanterías de poesía,
en los almanaques del ochenta y uno;
en los guantes de ‘The Greatest’,
en mi ‘rope a dope’.

En donde quieras
te escribiré.