Madrid

Madrid tiene esa locura insana que te atrapa,
una especie de acelerón descerebrado
como mis latidos aquella noche en que quise hacerlo bien
para que la memoria,
tan puta ella,
grabase lo que yo quisiese
y borrase los rastros cenicientos de este pasado
dulce y caliente,
que me ha transformado en el imbécil sin causa que soy.

Hoy he soñado contigo
no me acuerdo muy bien,
pero estabas ahí
sonriendo a lo lejos
no sé si para espantarme o para atraparme en alguna de tus canciones
o en alguno de estos delírium tremens sin fin.

No me acuerdo muy bien,
ya te digo,
pero estabas ahí con una sonrisa infinita
igual que unas nieves perpetuas, dibujada en tu boca.
Recuerdo que quería acariciar tu espalda,
tanteándote como un primerizo,
inocente.
Precioso.
Y tú, sin dejar de reír, susurrabas melódicamente, “I miss you… I do, I do”.
(¿Red Moon?)
No lo recuerdo bien.
Ya te lo he dicho.

A mi vera hay una entrañable pareja argentina
o uruguaya,
han comprado los mismos tickets que yo
para emborracharnos de Dalí a las cuatro de la tarde.
Hablan de Jardiel Poncela mientras comen
y el camarero me mira mal,
serán las tres birras que llevo
y la mesa que ocupo en la terraza.
No sé.

No me tengas en cuenta lo del sueño,
porque sueño demasiado,
incluso ahora, despierto y con todo el tabaco de Madrid en el pecho.
Me imagino cruzando esa línea,
la que me hace desaparecer dejando un rastro de confeti.
Y eso es alegría ¿no?

Qué sueño y qué resaca, joder.

Es hora de que me vaya.
No pienso darme la vuelta a ver el confeti que se queda en la terraza.

Eso es alegría.
Estoy seguro.

Como tu sonrisa en mi sueño.

Un poema para mis urgencias

Te juro que esta urgencia
por excavarte hasta el centro de tu corazón
solo responde a las ganas
de descubrir quién eres
piel con piel.

Perteneces a esa tribu urbana
que descarrila las soledades,
que se bebe el último trago de la copa
mirando directamente a los ojos
a sabiendas
de que las cremalleras
están a punto de explotar.

No tengo mucho en los bolsillos
no se me dan muy bien las promesas
y soy Capricornio
–que no sé si es importante
pero va en mi currículum–

Tal vez
estas urgencias se aplaquen con un poema
tal vez
se me disparen
si me dices
“Why don’t we do it in the road?”.

Helado de limón

La imagino desnuda
estas noches de calor.
Sé que no es un delito desear saborearla
como un helado de limón
con esa canela afrodisíaca
que me dispara las perversiones
y congela el aire acondicionado.

La imagino

muy desnuda
tanto que el sol se esconde en mi cama
avergonzado de tanta luz
deseando
como yo
extender sus dedos desde los párpados a los pies
con una parada técnica en sus pechos
cintura
y caderas.

La imagino desnuda
porque es lo único que me queda
en este exilio de palabras hiladas
en este juego del gato y el ratón
esperando que me cace
y me deje saborear su esencia de limón
y canela.

Por sorpresa

La vida nos ha cogido por sorpresa.
Eso me digo algunas noches
mientras te imagino
al acecho de la luna
con las sábanas enredadas en los muslos
dorados y recién sudados.
Sé que no te gustan
y eso los hace más atractivos.

Te veo
sentada a mi lado
con tu risa infinita
espantando el calor del verano
y deseo
que la vida me coja por sorpresa.

30ºC

Me encanta el verano que se escapa
en el vuelo de vuestros vestidos
en el reflejo del sol golpeando vuestros hombros
en la autopista curtida de vuestras piernas.
Me gusta como os envuelve el calor
y sonreís cuando descubrís mi perfil
apoyado en el balcón
fumándome el estío a la sombra
escribiéndoos en las esquinas de una servilleta
o fotografiando vuestra silueta en los cristales del metro.
Me encanta el verano que se os escapa
agarrado a la suela de las sandalias
terco como el dulce amor.
Y puede que no lo entendáis
pero a pesar de mis huidas
sois el único lugar al que quiero volver.

Si de verdad (Te robaré un beso)

Estas noches de calor me imagino cómo sería robarte un beso.
Sueño la escena con los ojos abiertos:
tú, con un jersey hasta la cintura
el pelo suelto
embadurnándote la cara
y ese café caliente en las manos
yo, fumando tus palabras
con barba de una semana
apoyado en la puerta.
Me pregunto
si nuestro primer beso sería
como el de Burt Lancaster
y Deborah Kerr,
si somos más como Dama
y Vagabundo
o si te besaré como Bill
a Scarlett entre el gentío.
Me pregunto
nena
si de verdad querrás que te bese.

LSD

Tu mirada en el espejo
¿o es la mía?
el reflejo de mi primo me habla
recuedo el Tente desparramado por el suelo
patinando entre azulejos azules
en mi casa de Alcalá de Henares.
Stalin se acerca
me abraza por detrás
me besa el cuello
mientras me pierdo en tu mirada
¿o es la mía?

El mundo se para
bailas con Vincent Vega
un, dos
un, dos.
La casa está en silencio
y se rasga el sofá cuando David Lynch da a luz
a un bonito enanito
y a su pony.
Tu mirada sigue en el espejo
¿o es la mía?

Duermes con los ojos abiertos
sonríes con una mueca aterradora,
la bañera es pequeña para los tres.
Mayo del 77,
estrenan Star Wars.
Tus mirada sigue en el espejo
¿o es la mía?

PHL-LAX

El puente aéreo es ese gusano
multicultural
multirracial,
esa mecánica torre de Babel en el siglo XXI
que arranca de raíz
mi ADN emocional,
me despoja de mi estatus de ciudadano de pueblo
y me bautiza como habitante del mundo.

El puente aéreo discurre helado
gélido como tu Ría,
poblado de gente a la que odio
mientras me acuerdo de ti
y del calor de tus piernas
a 9000 km de aquí;
imagino tus abrazos esta noche
ayer para ti
que vives el amor en otro huso horario,
pienso en las escaleras mecánicas
en los agentes de aduanas
en el sonido de los pasaportes,
respiro
sonrío a la cámara
y me concentro en las malditas ganas de volver
soñando aviones que no terminan de salir.

A veces

En esos ojos navega un poema a medio escribir
tan cerca que podría terminarlo
tan lejos que se me alargan los calendarios
En esos ojos suena una canción de carretera
suave
leve como la brisa de esta noche estrellada

Me gusta escuchar tu voz
imaginar lo que hay más allá de tus fronteras
pensar en que
aunque no lo deba decir
me gustas
a veces

En esas piernas se acurruca el sol
lento
como fotogramas de tu piel
En esas piernas
lo sé
se han fraguado imperios
se han rendido conquistadores

Me gusta pensar en todo lo que callas
imaginar las heridas de tu corazón
desinfectadas con nicotina y alcohol
pensar en que
a pesar del misterio
–tal vez por el misterio–
me gustas
ahora