Lluvia

Era la luz del último instante de la noche
también del brillo triste de tus ojos castellanos
verdes como los campos de trigo por germinar de tu tierra
eran los minutos improvisados del tiempo de descuento
también de tu voz pausada explicando tus decepciones
barnizadas de dulzura bajo esa sonrisa desencantada

era el momento de mirar la lluvia
en esta ciudad mía en la que no llueve
tanto como quisiera

no llovió
ni siquiera ese pretencioso sirimiri
que arranca con timidez
como pidiendo perdón por los paraguas abiertos
y que termina golpeando con despreocupación
las aceras
los taxis
y las marquesinas

esa lluvia que regala destellos de vigor
a la crónica que se escribe en mis calles
esa biografía de subsistencia en las huidas
en lo que algunos llaman vivir
mientras otros
simplemente
pasar la vida.

No llovió
y los únicos destellos fueron los de tus pupilas
encogidas en una risa febril por mi cháchara
apoyados sobre una frágil mesa
fumando ese sábado que asomaba prometedor
aún lejano
negociando en el horizonte las últimas páginas
de las historias que no terminarán a las puertas de este bar

o un poco más de ceniza
para esta nostalgia de febrero agostado.

No llovió
finalmente
pero tu mirada de selva abarcaba
todos los aguaceros que esperaba.

Estabas ahí
fumando
abrigada con mi chaqueta de cuero

y yo
tan enamorado de ti

porque no hay mujer
que haya conocido
de la que no me haya enamorado
por 10 minutos
o 10 años.

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