Un pueblo

Es un pueblo, casi ciudad,
de hormigón y de mortero,
de rotondas furiosas con semáforos de cebra.
Es un pueblo, casi ciudad,
como todos, con árboles centenarios
y casas desquiciadas con niños que cenan verdura.

Los cristales reflejan el tic tac del sol,
que calienta sin fuerza las pasiones de invierno en el parque,
porque los jóvenes se esconden al abrigo de sus manos
y de besos estuosos.
Es un pueblo, casi ciudad,
de cafeterías semanales
y de pubs de fin de semana
que albergan penas, sueños, ilusiones y ternura.

Es un pueblo, casi ciudad,
como todos, pero es el mío.
Cuando cae la noche y sus personas dejan los disfraces,
cuando sale la luna danzando sobre los charcos de lluvia,
cuando solo quedan mujeres y hombres de miradas desapasionadas,
cuando un taxi es testigo fiel de mis desventuras,
cuando me preguntaba dónde te metiste…
… entonces solamente había poesía en mi pueblo, casi ciudad.

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