Tu miedo

“Tengo miedo, miedo a equivocarme y a perder”,
decían tus ojos acuosos.
Yo también, pienso, pero solamente importa tu miedo.
Egoísmo natural cuando algo se muere,
serpientes, víboras y cobardía.

El resto del suelo se convierte en poesía,
recoges los pedazos que quedaron rotos,
con dolor y egoísmo natural cuando algo se evapora,
inerte, indiferente y pusilánime.

Porque tener miedo significa que se está vivo,
porque hay que convivir con las decisiones
y sus consecuencias;
eso no es valentía,
ni cobardía… tal vez resignación.
Realismo.

Batallas y fuegos en la cocina,
armisticios en las sábanas,
domingos de cafés y periódicos,
carreteras sin manta y besos sin saliva;
son el legado de una herencia corrupta.

Al final solo queda Charles en la mesilla,
lectura de cabecera,
los placeres del condenado:
“todo ardiendo,
todo mojado,
todo delicioso”.*

Quédate con tu miedo y tus ojos de lluvia,
ya tuve mi ración de golosinas marchitas.
Te prometo recordar,
solo podré rememorar y evocar,
pero los versos serán para mi.

*Los placeres del condenado (Charles Bukowski)

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