Tu cara

El cenicero recoge el humo de la espera,
los retales de los versos desbarran por el bloc
y se funden con las luces intermitentes de la noche,
fría y oscura,
con gatos que cazan esperanzas con faldas entalladas
y sueños entre las piernas.

Aquella madrugada en la que te materializaste y te volviste etérea,
un punto de luz en un universo gris,
volví a abrir aquel bloc y a vomitar mi conciencia
en líneas sin rima y sin estilo,
puras y descarnadas,
pueriles e inocentes;
porque quisiste leer
y yo quiero que me leas.

Y aquí estoy,
escribiendo sin la certeza de saber si lees,
si algo de lo que cuento importa o tiene trascendencia,
si al menos te hace sonreír
y pensar que las cosas pueden ir mejor.

Y vuelvo a comprar libros en la misma librería,
esperando encontrar tu cara detrás de alguna estantería.

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