Pequeño rock and roll

No hace falta que hables,
ni que digas esta boca es mía,
te pronuncies
o digas algo.
No hace falta.

Yo te seguiré contando
cómo son los monstruos de este mundo,
los silencios de los museos,
la locura de los semáforos,
pasos de cebra
y cedas el paso.
Y no hace falta que hables,
no hace falta que respondas.

Eres un pequeño rock and roll
que se arranca en si bemol,
un pequeño rock and roll
de armónicos dulces en sus últimos trastes.
Eres un pequeño rock and roll
que suena mejor a solateras.

En serio,
no hace falta que hables,
ni que digas esta boca es mía,
tuerzas tu sonrisa
o digas algo.
No hace falta,
aunque yo lo prefiera.

Mientras tanto,
yo te seguiré contando
cómo suenan los portazos de la noche,
los cafés de periódico y cuellos de camisa,
el incansable caminar de peatones,
carreteras
y gasolineras.
Y no hace falta que digas nada,
no hace falta que hables.

Eres un pequeño rock and roll,
con esa escala tan compleja,
un pequeño rock and roll
repleto de solos suaves por todo tu mástil.
Eres un pequeño rock and roll
que suena demasiado bien para este mundo.

No hace falta que digas nada.
Yo te seguiré contando,
y cuando quieras que cierre mi boca
y me marche por aquella ventana,
donde antes anidaban inviernos y primaveras,
agita esa melena castaña,
-no hace falta que levantes los ojos-
pídemelo
y me largaré por donde vine.
Mientras tanto,
pequeño rock and roll,
te seguiré contando.

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