Noche de sábado

La conocí ayer, bajo los focos y los combinados,
sonreía con la escopeta cargada,
no buscaba pelea cuando se topó con la horma de su zapato.
Fuimos a cenar al parque,
bailamos y cerramos el Séptimo Cielo.

No le gustaron mis silencios melancólicos,
tampoco disfrutó del cansancio de mi voz.
Tal vez no supe descifrar sus sueños
o las circunstancias no estuvieron a la altura,
pero descubrí que con el gesto torcido el pintalabios no se borra.

Siempre tenemos lo que merecemos,
despedidas de vodevil y canciones para la derrota
pero, ¿es mejor una mañana arrepentida que una noche de soledad?

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