Los problemas

Hace un frío que corta la respiración
de tal modo que el humo del tabaco
se confunde con el vaho que sale de la boca,
pero ahí seguimos hablando
y compartiendo cervezas
verdes como trigo en primavera.

Quemamos los cartuchos de una tarde
que prometía encuentros imposibles,
deseos inalcanzables
y sueños,
fantásticos sueños,
de lugares diferentes
en momentos inoportunos
pero con la persona precisa.

Al final
descubrimos que son más fáciles de entender
nuestros motivos tristes,
que aquellos atardeceres
ya no vivirán para siempre;
pero seguimos hablando
y compartiendo cervezas
mientras lleno el cenicero de ceniza.

Nos bebemos la tarde
y firmamos,
amigo,
que compartimos un mismo destino,
pero con diferente nombre,
con distinta condición.
Descargamos nuestro peso,
antiguo como las olas del mar que cerca nuestro bar.

Compartimos la carga del otro
nos descubrimos en sus palabras,
en cómo vive su amor
-complejo
lejano
ilusionante-
Y llegamos a la conclusión
de que no hay esperanza
-no la hay-
para aquellos que buscamos problemas,
para aquellos que no comprendemos el mundo
sin ellos.

Y queremos explicar lo que,
quizá,
no es tan extraño,
amigo:
compartimos una mismo destino,
pero con diferente nombre,
con distinta condición.

Y
a pesar de saber
que no hay esperanza
para aquellos que buscamos problemas
no sabemos comprender el mundo
sin ellos.

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