Extraescolares

Ella era la reina de clase,
volvía locos a los chicos, que soñábamos con sus rizos.
Yo era silencioso y creativo,
se arrimaba por encima del hombro, condescendiente.
Las clases terminaban,
los pasillos eran hormigueros desdichados,
éramos la generación del futuro,
pero nuestro presente eran sus caderas.

Rodaban los secretos de papel entre pupitre y pupitre,
con pulso firme y acelerado juntaban parejas,
que nos besábamos 15 minutos en el gimnasio.
Ternura, Inocencia, Vergüenza e Inexperiencia,
fueron dando paso a la pasión desbocada de hormonas insatisfechas.

El gimnasio se nos hizo pequeño aquel verano
de las recuperaciones, globales y clases a la hora de la siesta.
Compartíamos la hierba que le daba su hermano,
la insolencia de nuestra juventud
y las fronteras que nos íbamos saltando.
Describíamos nuestro futuro
repleto de promesas,
nos comíamos el corazón y los botones.
Ella me arrancaba los silencios,
yo me quedaba con sus rizos.
Le prometí que sería mi musa,
ella me dio sus caderas como pago.

He gastado aquellos honorarios,
ahora vivo de la limosna.

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