Edimburgo

Las calles húmedas
de aquel verano en Edimburgo
fotografiaron nuestro mejor momento.
el de los panfletos,
planos,
tickets
y habitaciones de alquiler.

Recuerdo el viaje a Inverness,
circulando por la izquierda
entre montañas verdes,
niebla
y dedos entrelazados.

El tiempo de aquellos días
se nos escapaba de las manos
y aquel cruce de estaciones
-tan profundo como tus ojos-
fue la parada más exigente.

Esperabas encontrar en Stirling
las huellas profundas de William Wallace
y te topaste con mis manos temblorosas
por debajo de tu chaqueta.

Te sentaste en la Fuente Ross
y pediste por mí,
en silencio
con los ojos cerrados.
Te miraban la ciencia,
las artes
la industria
y la poesía.

Con la lluvia en los ojos
te dibujé con mis manos
en la noche de aquella
habitación hindú.

Nunca supimos
que aquellas húmedas calles de Edimburgo
capturaron nuestro mejor momento.
Pero tampoco nos importó.

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