(des)Esperanza

Esperan que decidamos si vamos a cubrir nuestros ojos
con la venda más oscura de la realidad
o si cerraremos esas bocas
-cansadas de gritar-
con la mordaza de la desidia.

Nos han dejado desamparados,
internados en ese casino que es su vida,
ajena al ruido de las calles,
lejos de los cristales rotos…
… de las casas vacías.
Nos han dejado sin padres
y se han llevado a nuestras madres.
Pretenden que enterremos ese futuro
donde los sinónimos de libertad
verdad
esperanza
y luz
se anidan en las bibliotecas.

Que se pudran nuestras palabras
y se mueran nuestros puños.
Esa es su vana esperanza.
Mientras tanto
en la ruleta de la fortuna
y en el blackjack de los mercados,
-esos sórdidos lugares
en los que fluctúan la vida
y el porvenir-
esperan encontrar balas doradas
y titulares de telediario.

Esperan una nueva diáspora,
el éxodo de Moisés, Josué y Caleb.
Esperan que tras desarbolar nuestro velero
y desarmar nuestros labios
salgamos y cerremos por fuera.

Esperan tanto que no se han dado cuenta
de una cosa.
Y lo tenían a la vista.

No podemos perder más
quienes nada tenemos.

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