Aquel idioma

Las mariposas de las campas de Bakio escapaban de tus dedos,
reías divertida, con el sol dorando tu espalda,
clareando tu pelo y calentando tus muslos.
Mi prisión.
Yo intentaba atrapar palabras raras en aquel cuaderno negro,
regalo de tu madre,
cuando las letras tenían sentido, en mitad de los silencios.
El entusiasmo de las meriendas templaba manteles,
cubiertos y ventanas,
bañadas por la luz violeta de ese verano que termina.

Las lágrimas volvían a tu rostro estoico,
con los labios apretados hasta blanquearse.
Dejábamos aquellas flores donde tu abuela, en Larrauri,
mi mano se fundía con la tuya en aquel silencio
donde las palabras no tenían sentido.
Eras tan frágil
y yo,
yo me calentaba el corazón con tu risa ese verano que termina.

Aquel cuaderno negro, contenedor de sueños añejos,
aún conserva las palabras de aquel idioma que inventaron nuestros cuerpos.

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